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      Aprender a dar órdenes, a hacer peticiones o a dar instrucciones es una de las primeras tareas que tienen que aprender los padres en un clima de confianza y respeto.

      Es difícil ser padres, esto es un hecho, y nadie nos educa para serlo y esto es una pena. Si nosotros como padres no sabemos cómo actuar, a veces, imagínate el niño.

      Es frecuente escuchar a los padres decir que sus hijos no les hacen caso y que se cansan de repetirles las órdenes sin ningún resultado o peor con el resultado contrario.

      Parece entonces que habría que plantearse, si somos los padres los que formulamos las órdenes de forma incorrecta. ¿Verdad?.

      Los padres debemos servir a nuestros hijos de guía y de modelo. Esto significa que debemos guiarles cuando estén confusos y no entiendan bien cómo actuar y por otro lado, comportarnos cómo nosotros quisiéramos que ellos actuasen, para que ellos vean cómo se hace.

      Por tanto, el objetivo del artículo es que nos hagamos conscientes que somos los padres los que tenemos que cambiar algunas estrategias de actuación, algunos hábitos, para que nuestros hijos también logren cambiar.

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      12 consejos útiles:

      1. Llamar por su nombre al niño, estar en la misma habitación, mirarle a los ojos y en tono suave, pero firme, darle la orden por ej.: “¿puedes por favor recoger tu mochila y colgarla en tu silla?”. No sería válido: “mi cielo, deja de jugar, recoge tus juguetes y ponlos en la caja y vete cariño, a la cama ya”, el niño olvidará todo lo que le dijiste.

       

      1. Emitir instrucciones claras y precisas, para que el niño sepa exactamente qué es lo que hay que hacer. No es lo mismo decir: “arréglate”, que “lávate los dientes y la cara”.

       

      1. Tener coherencia entre los padres. Si entre los padres no hay acuerdo sobre la orden que el niño debe seguir, ¿Cómo quieres que al niño le quede claro lo que debe hacer?. Apoyar siempre las órdenes dadas por la pareja. Aunque no se esté de acuerdo. Delante del niño nunca discutir las órdenes dadas por tu pareja. Luego, cuando el niño no esté, ya habrá tiempo de debatir.

       

      1. Tener consistencia en el tiempo. Si un día le dejas comer un chocolate antes de comer y al siguiente le prohibes comer el chocolate antes de comer, no estás siendo consistente, sino que confundirás al niño que finalmente, hará lo que le de la gana porque habrás perdido tu autoridad para dar órdenes.

       

      1. Utilizar frases cortas, sin sermonear y sin gritar.

       

      1. No humillar, no insultar, no usar el sarcasmo, no comparar y a ser posible decirle la orden con cierta privacidad. No serían válidas: “¿Es tan difícil ordenar tu habitación?”, “¡Todo el mundo hace caso a sus padres menos tú, que eres el más desobediente!”.

       

      1. No realizar la orden en forma de pregunta o sugerencia, para no dar ninguna otra posibilidad al niño. No sería válida: “¿Cuándo vas a tirar la basura?”.

       

      1. Dar pocas órdenes, de una en una y que no se contradigan. Si es necesario dar más de una orden, que estén espaciadas en el tiempo y no vayan seguidas. En general, las órdenes se repiten una sola vez, de forma alta, clara y firme.

       

      1. Eludir el contacto físico cuando se formulan peticiones u órdenes. Mientras se da una orden, no se agarra ni se empuja al niño, sino que conviene mantener una discreta distancia. Sí se puede establecer un contacto físico suave, como por ej.: agarrarle de los hombros o la cara, para asegurarnos que nos está mirando y que va a atender a nuestra petición.

       

      1. Asegurarse de que la orden la ha entendido. El niño debe haber comprendido tanto la orden como sus consecuencias. Las consecuencias son las acciones que vienen detrás del no cumplimiento de la orden dada. Serían del tipo: “Si…entonces…”. Por ejemplo: “Si no te comes el plato de lentejas, te quedas sin yogurt de chocolate de postre”. Suele ser útil hacerle repetir la orden y las consecuencias, como por ej.: “¿me puedes decir lo que te acabo de indicar?”.

       

      1. Préstales un poco de ayuda inicial, si se ha bloqueado, y si es de los que comienzan con pataletas, sólo para que sepas que estás ahí y le apoyas, pero él deberá continuar y terminar la orden indicada. Si no cumple con la orden, no podrá realizar la siguiente actividad. Esta ayuda inicial posteriormente la iremos quitando, cuando el niño se acostumbre a las nuevas estrategias educativas.

       

      1. Reconócele el cumplimiento de la orden justo al terminar de realizarla. No se trata de darle nada material sino un simple, “muy bien”, “estoy contenta por lo bien que lo has hecho”, un beso o un abrazo.

       

      Se trata, de eliminar las estrategias educativas que no se han mostrado eficaces y sustituirlas por otro tipo de enfoques, que al principio pueden resultar forzados pero que, si se aplican con regularidad, pueden automatizarse y hacerse espontáneos. Al final, llegará un momento que te saldrá sólo y verás que las cosas cambian para bien.

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      Es verdad, que es difícil cambiar de hábitos, pero la buena noticia es que la recompensa será maravillosa, por tanto merece la pena intentarlo

       

      Otra cosa te voy a decir, por último,  tampoco hay que obsesionarse con ser los padres perfectos. Nadie es perfecto, pero si que debemos de poner en práctica las cosas que se han demostrado que funcionan. Sería una tontería no hacerlo. ¿No crees?

       

      Bibliografía: Adaptado. “Escuela de padres” 2010. Miguel Ángel Díaz-Sibaja, María Isabel Comeche Moreno y Marta Isabel Díaz García.

       

       

      Maribel Paz

      Maribel Paz

      Psicóloga de Adultos y Parejas en Madrid.
      Especialista en Terapia Infantil y Adolescente

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