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      La Navidad y los conflictos o tensiones familiares son un clásico pack. Tradiciones desfasadas para muchos, gastos inasumibles para la mayoría, luchas de poder entre familiares y siempre el alcohol a raudales, hace que los nervios estén a flor de piel y se cometan más intromisiones y faltas de respeto de lo acostumbrado, provocando sentimientos de desbordamiento emocional.

      Si la suegra no te deja vivir

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      Establece límites claros desde el principio y se asertivo

      No queremos ser machistas, nada más lejos,  pero hablamos más de la suegra porque según las estadísticas es el familiar que más perturba y desequilibra a la pareja. Honramos desde aquí a las sagradas excepciones. ¡Claro que sí!.

      No nos meteremos en las alianzas familiares, es decir suegra cuñada u otras alianzas también clásicas. Las alianzas familiares en contra de un blanco diana fácil, se hacen muy complicadas de resolver si no se tienen fuertes apoyos.

      Pero, no nos pongamos tremendos que es navidad y queremos aquí y ahora, dar soluciones para salir del paso y sobrevivir a las temibles, para algunos, fiestas navideñas.

      • No pongas a tu marido en una situación en la que tenga que escoger entre su madre y tú. No es la manera de solucionar las cosas. Cada una tiene su rol, sus competencias y funciones independientes y diferenciadas.

      Es el marido quien ante un conflicto, debe negociar y dejar claro que su relación es intocable. Debe exigir respeto a su decisiones y a su nueva familia. Además, lo debe hacer poniendo los límites necesarios ya que es su familia y los conoce mejor que tú. Lo que sucede es que si no se tiene experiencia en estos específicos temas, que es lo que suele pasar, es difícil ser imparcial y se cae fácilmente en la manipulación. Hay que tenerlo en cuenta.

      • Igualmente, hay que tener claro que hay rasgos de personalidad que son imposibles. Hay personas, en este caso, suegras, que incluso tienen trastornos no diagnosticados. Si sospechas que esto es así, que la persona en cuestión, no está bien, no arriesgues tu salud mental y mantén toda la distancia física, emocional o ambas, que te sea posible, porque tu salud es lo primero. Para ayudar, lo que sí podrías hacer es comentar a su hijo la posibilidad de que sea asesorada por un especialista.

      No es una obligación cumplir con las tradiciones. Es más, hay tradiciones perversas, que diariamente en el mundo muchos luchan por erradicar, sin mucho éxito por otro lado, ya que las creencias arraigadas son difíciles de modificar. Pongamos un ejemplo extremo para clarificar: la ablación es un tradición y muchos estarán de acuerdo que debería desaparecer por el daño que causa.

       Sí es tu obligación mantener tu equilibrio mental y emocional. Ésta además, debe ser tu prioridad

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      • Tienes derecho a establecer con tu pareja, tus propias normas, conductas y costumbres. Son casas diferentes, reglas diferentes y generaciones y estilos de vida diferentes.

      Hay que evitar las rigideces y extremismos. Cada cual tiene derecho a vivir sus vacaciones y fiestas como le apetece. En todo caso, se negocia en pareja y ambas partes, deben ganar con la negociación. Eso significa que ambas partes pierdan también algo. Así es la vida.

      • Si la suegra se mete en la relación porque considera que su hijo así no es feliz, sin que el hijo se lo pida, lo hará más infeliz aún. Una madre no debe nunca resolver los problemas de su hijo, si éste no le pide ayuda expresamente. Es el hijo, como adulto, quién debe hacerlo y tomar sus propias decisiones. Así es el mundo de la madurez.

      Las madres sobreprotectoras hacen más daño del que quitan

      • Algunas suegras no quieren ocupar un segundo plano y les cuesta perder su posición privilegiada de años, con lo que comienzan una lucha de poder por la posición favorita y el propio protagonismo.

      Ante el primer atisbo de intromisión en los temas que incumben a la pareja, que consta solo de dos personas, hay inmediatamente que ser asertivo, es decir, claro, directo y firme.

      Por ejemplo, se puede comentar: “Esto es un tema de pareja, privado, y no está sujeto a debate”. Luego por ejemplo, podemos apostillar: “Agradezco el interés y si en otro momento necesitamos de otras opiniones, ya lo diremos”.

      Hay que dejar claro que las intromisiones no se va a aceptar. Así aprenderá para un futuro a no opinar en los temas de pareja, que son privados.

      • No permitas tampoco que intervengan en la educación de tus hijos, eso corresponde sólo a los padres. A no ser que pidas ayuda, pero si te ayuda, ojo, porque eso no le da derecho a “cobrarte” lo que hace por tí.
      • Tu casa no es su casa. No permitas que venga cuando le apetezca sin avisar. Tu tienes tus horarios y tus planes y ella debería tener los suyos. No permitas que elija nada de tu casa, aunque tu marido le de permiso. Volvemos a lo mismo, es un tema de dos no de tres. Eso es también una intromisión. Una dificultad para quedar en segundo plano. Es un problema de ella no tuyo.

      Si ves que se toma esa confianza, pon límites inmediatamente. Vuelve a comentar: “Es una decisión de pareja y no está sujeta a debate”, “Nosotros elegimos en nuestra casa, según nuestros gustos”, “Te agradecemos el interés y si queremos tu opinión, ya te la pediremos”.

      Ojo, porque hay suegras insistentes y poderosas, además de poco empáticas e hijos inmaduros y manipulables, que a la que te despistas, harán alianza contra ti, dejándote en segundo plano, a ti, la protagonista de tu casa y de tu pareja.

      En este caso, lo tendrás que trabajar con el tiempo, poco a poco. No se coge experiencia y madurez en unos meses.

      La regla es marcar límites desde el momento uno, para que no te la cuelen. Entonces aprenderán lo que no saben:

      Tú y únicamente tú, eres protagonista de tu pareja, de tu casa, de tus hijos…, junto con tu marido, y los demás, son actores secundarios

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      Pensemos que “todo problema tiene solución” así que ahí van 6 sugerencias para sobrevivir en Navidad

      Kit de supervivencia 

      1. Intenta obtener de tu suegra lo que te puede aportar, saca conversación sobre ello e ignora lo que te molesta. Ignora las críticas como quien oye llover y con cara de póker. Además, de todo el mundo se puede aprender algo, concéntrate en eso.

       

      1. Utiliza las reglas de la asertividad (ver en otros artículos) y por ejemplo desvía el foco de atención. Ante preguntas desagradables, salte por la tangente. Usa la táctica: ¿Dónde vas?. Manzanas traigo. Así desconciertas al criticón. “¿Cuándo vas a tener un niño?”, “debo ir al médico que me han recomendado, por los problemas estomacales que padezco últimamente y ando preocupado por esto”.

       

      1. Si las cosas no te van bien, compartir la adversidad con la familia es sólo recomendable cuando la familia está bien estructurada y mantiene estrechos lazos afectivos, si no es así, más vale renunciar a la fiesta, acortar los días en común lo que puedas, antes que armar la bronca y acabar en comisaría, en el hospital o dejarte de hablar para toda la vida.

       

      1. Un 4% de personas, pasa la Navidad solos en sus viviendas y a veces, “es mejor solo que mal acompañado”. No tengamos tantas expectativas “de estar feliz”, “de estar celebrando” o “de estar en familia bien avenida”, son sólo unos días, en breve todo habrá pasado y se vuelve a la maravillosa rutina. Las inmensas expectativas rara vez son satisfechas, con lo que generalmente a muchos les crea un sentimiento de insatisfacción y un poso que se manifiesta con un enorme vacío. Pero al pasar las fiestas, también pasa este desagradable sentimiento.

       

      1. Cada vez más la gente hace escapadas románticas, de Navidad, aprovechando las vacaciones. Es una forma alternativa y más relajante de pasar las fiestas, de coger energía y desconectar, en lugar de quedar exhaustos con tanta celebración.

       

      1. Utiliza mensajes de “Yo”. Es decir, usar el yo, en lugar del tú. Es un estilo de comunicación que focaliza en tus sentimientos o creencias, utilizando el pronombre personal en primera persona “Yo”, en lugar de usar los pensamientos y características que atribuimos al otro, utilizados con los mensajes del pronombre en segunda persona ”Tú”.

      Me centro en mí, en los efectos del comportamiento del otro sobre mí y así se lo hago saber al otro. Sin descalificar, expreso y describo lo que siento y lo que me gustaría de forma asertiva, sin hacer acusaciones, que pueden a menudo, hacer al otro estar a la defensiva.

      Por ejemplo la mujer dice al marido: “Yo me siento abandonada y manipulada cuando no se me pide opinión”, en lugar de expresar de forma acusatoria mensajes de “tú”, como: ” tú nunca me tienes en cuenta en las decisiones”.

      Con los mensajes del yo, el otro entiende mejor, le es más fácil ponerse en tú lugar, no se siente acusado y se puede iniciar una conversación para llegar a acuerdos.

      Y no olvides que el ambiente favorable mejora nuestro genoma, aunque sea transitoriamente

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      Maribel Paz

      Maribel Paz

      Psicóloga de Adultos y Parejas en Madrid.
      Especialista en Terapia Infantil y Adolescente

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