657 30 14 17 info@maribelpaz.es

      Como ya hemos comentado, en la Parte 1 del artículo, existe tratamiento para la tartamudez o disfemia.

      La tartamudez se cura entre un 75%-80% de los casos durante la infancia.

      Como también hemos comentado en la parte 1, lo mejor es detectar la disfunción a tiempo y realizar una terapia preventiva, además, de dar consejos prescriptivos a los padres. 

      La cuestión es que, como trata la gente a las personas con tartamudez (rechazos, burlas, menosprecios, incomprensión…), tiene una carga psicológica tremenda, que puede complicar la situación hasta hacerla irreversible.

      16 Pautas para padres de hijos que tartamudean

       

      1. Modelar, es decir, ejercer como modelo de un estilo en casa de habla más lenta, más relajada, más sencilla y más baja. Usar manos y brazos al hablar, sin exagerar, como forma de ayudar al niño a expresarse. No aburra a los niños con explicaciones de cómo se tiene que hablar.
      2. Informar a todo el entorno del niño de su problema de disfluencias. Comunicar a familiares, profesores, amigos… cómo interactuar y qué pautas seguir para que el niño se encuentre cómodo en su entorno. Esto es distinto de sobreproteger. Evitar las etiquetas, es decir que hablen del niño como: “el tartamudo” o le ridiculicen.
      3. Ayudar a aceptar los tartamudeos. Es decir, no prestarles demasiada atención, atendiendo más a lo que dice que a cómo se dice. Eliminar sentimientos de culpa.
      4. Ante los atascos o bloqueos del niño, asentir a éste, con un gesto de asentimiento por mantenerse firme y durante unos segundos, haber conseguido decir la palabra. Escuche sin interrumpir. No mire a otro lado, ni le mire fijamente. Mire a los ojos con una mirada natural, como si hablara de forma fluida. No prestar ayuda si el niño no lo pide. No adivinar las palabras ni terminar la frase por él. No hable por él. Si el niño, no se desbloquea con facilidad, simplificar o disminuir sus intervenciones.
      5. Evite comentarios del tipo: “Habla más despacio”, “No te pongas nervioso”, “Piensa antes de hablar”… Este tipo de comentarios o similares, crean el efecto contrario al deseado. Es decir, ponen más nervioso y tenso a la persona.

       

      1. Nunca establecer una Ley del silencio respecto a la tartamudez. Especialmente en niños mayores, viene bien que compartan con los padres lo que les preocupa respecto a las dificultades que tienen con el habla.
      2. Hay padres que tienen sus propias dificultades para aceptar o para actuar ante la tartamudez de sus hijos. No saben cómo afrontar adecuadamente el problema. En estos casos, deben acudir y consultar con un psicólogo, que le dará pautas sencillas de actuación. Es normal que se sientan desorientados y solos. No tienen porqué estar solos en esto.
      1. Tener en cuenta que dado que la tartamudez es genética, el tratamiento en muchos casos, tiene como fundamento ayudar al niño a superar el miedo a la tartamudez y al mismo tiempo aprender un modo más suave y relajado de comunicarse, sin prestar atención a su tartamudez. El niño debe enfrentarse al problema y aprender a superarlo para que no le haga sufrir.
      2. Se debe crear una atmósfera de aceptación del problema que favorezca una comunicación fluida en casa. Evitar reacciones no verbales de desaprobación o muestras de preocupación. Evitar ambientes demandantes y exigentes. Es decir, múltiples preguntas de difícil o larga contestación.
      3. En muchos casos, los padres deben ser entrenados para ayudar a que los niños generalicen los aprendizajes nuevos y mantengan los cambios. No se disimula, no se evitan errores y no se buscan palabras fáciles.

      1. Los padres deben observar los progresos del habla y de la comunicación del niño en su ambiente cotidiano y anotar y/o memorizar bien estos cambios para luego poder dar feedback de progreso, en el momento y forma adecuada. Observar igualmente, los estresores del habla y las circunstancias que mejoran la fluidez. La verdadera eficacia del tratamiento implica la capacidad del niño para hablar en las situaciones comunicativas cotidianas.
      2. Desarrollar la capacidad familiar (y del entorno del niño), para ofrecer apoyo al niño y feedback positivo de progreso. Usar el sentido del humor para desdramatizar cuando la lengua no progresa al ritmo deseado. El objetivo del tratamiento es la fluidez normal, no la fluidez total. Es la única meta realista que debe tenerse, porque también la gente que no tartamudea comete disfluencias. Evitar dar órdenes para hablar, mejor haga comentarios.
      1. Dedicar entre 15 y 20 minutos diarios de charla con su hijo, sin que nadie les interrumpa. Es un excelente recurso de facilitación de la expresión.
      2. Establecer en la familia el tomar turnos cuando se habla, sobre todo en familias numerosas y aprender a escucharse unos a otros sin interrumpirse.
      1. Con un niño muy pequeño es muy bueno, contar cuentos y además, hacerlo de forma que se repitan éstos, de forma rápida y lenta para que el niño note la diferencia entre ambas velocidades.

      1. Compartir y realizar con el niño juegos no directivos. Es decir dejar al niño cierta libertad. No acribillar a normas. Hasta los 6/7 años el niño no es consciente de las correcciones, para él tan solo es juego.

      Por último, recuerde también, dos cosas muy importantes:

      • Los padres, a la vez, están cambiando sus propias actitudes, para poder ayudar al hijo, esto hay que valorarlo y no enfadarse ni entristecerse si las cosas no salen siempre tal y como nos proponemos.
      • No intentar llevar a cabo todas las pautas a la vez. Se van asimilando poco a poco y llevando a cabo, de la misma manera, poco a poco.

      Todos los profesionales acreditados y los padres que han aplicado estas pautas, coinciden en que merece la pena seguirlas por los avances que se consiguen.

       

      Un buen psicólogo, debe entre otras cuestiones, tener en cuenta:

      • Descartar que haya un problema de oído. Sugerir un control con el Otorrino y una Audiometría.

       

      • Diferenciar entre disfluencias normales o típicas, cuando el niño es pequeño (de 2 años a 6 años), que forman parte del desarrollo normal del habla del niño y las disfluencias atípicas e iniciales señales de tartamudez.

       

      • Ante la disfluencia normal o típica, el tratamiento es la denominada terapia preventiva, fundamentalmente centrada en información y consejos para los padres, es una intervención indirecta. Se centra en el ambiente que rodea al pequeño. Es un tratamiento breve, estructurado y muy flexible, donde no se requiere prácticamente la presencia del niño.  Por otro lado, se hará una intervención dando consejos prescriptivos a padres, además, de una intervención breve con el niño, en disfluencias atípicas límites (tartamudez borderline).

       

      • Si hay tartamudez temprana, además, tendremos que hacer una terapia integral o global del habla. Se intenvendría aquí directamente, intervención directa con el niño, junto con la colaboración de los padres. Se trabaja tanto los cambios ambientales como la modificación del habla. La ayuda de un logopeda podría ser inestimable, dependiendo de la edad y tipo de tartamudez, pero siempre, en trabajo conjunto con el psicólogo, ya que en la tartamudez, los aspectos emocionales y cognitivos o mentales de la persona, son fundamentales para revertir o mejorar la tartamudez.

       

      • El trabajo con el logopeda (intervención directa con el niño, en la fluencia), no se recomienda antes de los 6 años o, al menos, antes de que el niño sea consciente de los síntomas y los asume como algo extraño. Hasta ese momento se realizan intervenciones indirectas a través de la familia y el medio escolar.

       

      • Enfatizamos que en niños que tienen tartamudez ligera, las actividades del lenguaje articulado, no son tan importantes como las actitudes que ayudamos a cambiar con el trabajo de des-sensibilización de experiencias emocionales y,  a menudo, son todo lo necesario para revertir el curso de la tartamudez del niño y hacerlo fluente.

       

      • No ignorar la tartamudez temprana. Cuanto más cerca del inicio del síntoma se intervenga, mejor será el resultado. El buen diagnóstico es de suma importancia.

       

      • Intervernir de manera individualizada. El tratamiento es un traje a medida para cada persona.

       

      • Tranquilizar al niño y relativizar sus disfluencias. Así como, a los padres. Se pueden hacer muchas cosas para solucionar y/o mejorar el problema.

       

      • Desculpabilizar a los padres y ofrecer guías informativas para ayudar a afrontar bien el tema de la tartamudez.

       

      Si se siguen las 16 recomendaciones, arriba indicadas y algunas más que te puede facilitar de forma sencilla un psicólogo, en un año o algo más, los tartamudeos del niño disminuyen progresivamente en frecuencia y duración. En algunos casos, la recuperación puede ser completa.

      Hay pues, esperanza.

      Bibliografía:

      -“Manual Práctico de Tartamudez”. 2008. Alfonso Salgado Ruíz.

      -“La tartamudez. Guía para padres”. TTM. Fundación española de la tartamudez. 2008.

      -DSM-5

      - Intervención educativa en los niños tartamudos. José Fco. Cervera, Amparo Ygual. Edetania, Estudios y propuestas de Educación- Febrero 2002.

      - Cómo tratar al niño de edad escolar que tartamudea. The Stuttering Foundation. Carl W. Dell, Jr.

       

      Maribel Paz

      Maribel Paz

      Psicóloga de Adultos y Parejas en Madrid.
      Especialista en Terapia Infantil y Adolescente

      Share This