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      Índice

      Introducción.

      Parejas homosexuales e infidelidad.

      Mito 1. La infidelidad es cosa de la pareja, de los propios problemas de la pareja.

      Mito 2. La culpa es de la víctima por ser la causante de la monotonía, del sexo del que adolece la relación, …etc.

      Mito 3. El descubrimiento de la infidelidad puede llevar a un “blanqueamiento” de la pareja, reactivándola e incluso mejorándola.

      Mito 4. La infidelidad tiene que ver con la monogamia-poligamia.

      Mito 5. La infidelidad viene por el deseo de cambio, de variar.

      Mito 6. La infidelidad no tiene que ver con la moral ni con la ética.

      Mito 7. La infidelidad es una cuestión estrictamente sexual.

      Mito 8. Hombres y mujeres tienen la misma concepción de la infidelidad hoy en día.

      Mito 9: La infidelidad es un problema de falta de asertividad al no comunicar nuestros deseos y necesidades.

      Mito 10. La infidelidad sucede a las personas promiscuas o personas con complejo de Don Juan.

      Mito 11. La infidelidad tiene que ver más con las inclinaciones que con las intenciones.

      Introducción

      Alrededor de la infidelidad giran muchos mitos que queremos ir deshaciendo.

      Estos mitos empujan a errores que  distorsionan  nuestros  pensamientos y nuestras creencias y acaban confundiendo aun más, ciertas situaciones ya en sí complejas.

      Con los mitos ocurre que minimizan el acto traumático de la infidelidad y de alguna manera, además, culpan a la víctima, disculpando a la persona verdaderamente responsable, la persona infiel.

      La responsabilidad de la infidelidad, en sentido estricto, solo la tiene la persona que es infiel

      La responsabilidad de la infidelidad es de quién: -no comunica -miente -abandona -huye -se separa de su pareja oficial.

      La responsabilidad de la infidelidad es de quién: -no gestiona los conflictos y  -desgarra un vínculo.

      En cuanto a la persona víctima de la infidelidad, hay que dejar claro que ella no tiene por qué sospechar nada ni intuir nada. Una relación de pareja está basada en la confianza, supuestamente, y por tanto, ninguno de los componentes de la pareja tiene que estar obligado a vivir en alerta o a tener ideas paranoides sobre la posibilidad de que le traicionen. La traición, según el acuerdo más o menos tácito de fidelidad, no tiene cabida aquí.

      Estar en pareja pensando en esa posibilidad sería considerado como un rasgo patológico (celotipia). Pero no pensar en infidelidad tampoco, necesariamente significa que la persona traicionada haya idealizado a su pareja o se haya negado a ver algo que era evidente, aunque en algunos casos pueda ser que suceda esto.

      Es imposible ver la realidad si  la niegan, ocultan, disfrazan, manipulan, tachando a la víctima de celosa y acusándola de “ver cosas donde no hay”

      Recuerda que un rasgo característico de la infidelidad es su negación y su ocultación, aunque las pruebas estén ahí. Citemos aquí la famosa frase escuchada mil veces: “esto no es lo que parece” porque es una frase que caracteriza realmente a la infidelidad.

      En este sentido, el factor sorpresa, es decir, el hecho de que la persona víctima de la infidelidad no se lo espere hace de la infidelidad un hecho enormemente traumático.

      La infidelidad no solo de-construye sino que impide construir

      Las parejas homosexuales y la infidelidad

      En las parejas homosexuales exploradas, tanto femeninas como masculinas, el fenómeno de la infidelidad según los relatos estudiados, parece estar tanto o más presente que en las parejas heterosexuales.

      Las motivaciones subyacentes no parecen diferenciarse de las homólogas heterosexuales. Los mismos patrones por género, o sea, desde lo femenino se sufre de insatisfacción afectiva-sexual y desde lo masculino hay un deseo de promiscuidad- variabilidad sexual. Esto es lo que parece motivar las infidelidades.

      No se encuentran variaciones cualitativamente significativas en los discursos sobre la infidelidad en parejas homosexuales.

      La infidelidad parece seguir los mismos patrones independientemente de la orientación sexual de la pareja. Quizás porque paradójicamente no se ha trascendido el género en el amor, expresión sentimental reducida prácticamente a la pareja. Porque el amor, particularmente, la forma romántica del mismo, que es la que se ha industrializado, sigue cimentado en la ideología patriarcal, no trascendida de momento, por la homosexualidad.

      Mito 1.  La infidelidad es cosa de la pareja, de la  relación y de los propios problemas de la pareja.

      Hay que tener claro que la persona traicionada, la víctima, no puede bajo ningún concepto ser la causa de la infidelidad de su pareja.

      El traicionado, no es el que hace que el infiel tenga una aventura

      Aunque la relación de pareja necesitará probablemente terapia de pareja para desembrollar la ardua cuestión, gran parte de la terapia de la infidelidad recae, en justa medida, sobre la persona infiel, aunque no solamente, ya que hay otras personas directamente implicadas en el problema.

      Los problemas de pareja y el grado de satisfacción de la misma, sí incumben a ambos integrantes de la pareja, pero la decisión sobre ser infiel y el manejo de la situación es estrictamente individual.

      La persona traicionada no debe aceptar ninguna responsabilidad sobre la infidelidad.

      La persona traicionada no puede ser la causa ni puede hacer que ocurran infidelidades.

      La responsabilidad solamente revierte sobre la persona infiel.  

      Las únicas personas responsables son las personas que participan de la infidelidad. La persona infiel y su amante, que es cómplice de la situación. Es la persona infiel la única persona estrictamente responsable del dolor generado por mentir, ocultar, engañar y llevar una doble vida.

      Si bien, la persona amante no tiene compromiso alguno con la pareja oficial, si ésta está bien informada de la situación, lo normal es que no quiera para sí misma  la situación en la que la pareja oficial se encuentra y de hecho, si no lo reclama, sí ansía, más o menos secretamente, exclusividad con la persona infiel. Por tanto, está faltando a su propio compromiso de buscar y obtener aquello que desea. En ocasiones, cela, envidia la situación de la pareja oficial y en consecuencia, en vez de perseguir y conseguir aquello que anhela contribuye a la destrucción de aquello que ella quiere para sí.

      Mito 2.  La culpa es de la víctima por ser la causante de la monotonía, el aburrimiento, la falta de cariños y de sexo del que adolece la relación.

      La culpa muchas veces y para colmo, recae en la víctima, en la persona traicionada, ya que se buscan razones, motivos o causas por los cuales la pareja es infiel, éstas suelen ser: -La monotonía -El aburrimiento -La falta de retroalimentación positiva -La falta de sexo -El desenamoramiento -La falta de satisfacción emocional.

      Hay que saber que la causa o razón de la infidelidad está en la persona infiel, en su interior, en su psiquismo; ya sea en forma de conflicto no resuelto, en forma de trastorno adaptativo o en forma de patología.

      La persona infiel no parece gestionar emocionalmente su situación, simplemente la disocia. No comunica abiertamente sus dificultades, no toma conciencia de lo que le ocurre o evita hacerlo. No resuelve la situación generada, se estanca en el triángulo amoroso, sin decantarse; de tal manera que la situación parece bloquearse.

      Mito 3. El descubrimiento de la infidelidad puede llevar a un “blanqueamiento” de la pareja, reactivándola, incluso mejorándola.

      La realidad indica que no es así, sino todo lo contrario, la infidelidad empeora a la pareja, porque es catastrófica para la relación.

      Pudiera ser que a la larga una consecuencia de la infidelidad sea que la relación mejorase o se renovase pero eso no quitaría el enorme sufrimiento derivado, y la cantidad de años invertidos para la recomposición de la relación.

      La infidelidad no es un evento positivo para una relación de pareja, de ninguna de las maneras.

      Los comentarios recabados en clínica, procedentes de parejas que afrontaron y superaron exitosamente una infidelidad, coinciden mayoritariamente en que nada vuelve a ser igual, a pesar de la decisión de seguir juntos; ya que el fantasma de la infidelidad está presente en sus vidas. El drama que una crisis por infidelidad trae a la vida de la relación, no se compensa con un resultado positivo, tras una superación exitosa de la crisis.

      La infidelidad activa demasiados traumas, es demasiado dolorosa, en general para todo el mundo implicado. Supone más perjuicio que ayuda y además, hay personas inocentes que salen muy dañadas.

      Mito 4.  La infidelidad tiene que ver con la monogamia-poligamia.

      La infidelidad no tiene nada que ver con la monogamia o poligamia.

      El significado de fidelidad no concierne estrictamente a las relaciones amorosas sino a las relaciones humanas en general. Fidelidad tiene que ver con la confianza, no con la sexualidad.

      →La Fidelidad tiene que ver con el compromiso, con la lealtad, con la constancia y con la coherencia. Fidelidad tiene que ver con la ley y con la palabra. Fidelidad tiene que ver con la fe, con la creencia.

      El ser humano es un ser de palabra. Es lo único que tiene y si le falla la palabra, le falla la sociabilidad y le fallan las relaciones

      →La Infidelidad tiene que ver con la incomunicación, con el secreto, el control, el abuso de poder, la asimetría relacional, la triangulación, la no gestión de dificultades personales. O sea, la infidelidad concierne a las habilidades sociales fundamentalmente.

      Centrar la infidelidad en la no exclusividad íntima y/o sexual significa descentrar el núcleo de la infidelidad que es la ocultación, la mentira y el secreto.

      En otras palabras, lo que define la infidelidad es sobre todo la forma en que un pacto es trasgredido. Si el pacto de fidelidad resulta arduo y tedioso, se puede pactar para romperlo, ¿No?.

      Mito 5.  La infidelidad viene por el deseo de cambio, de variar.

      La infidelidad no es sinónimo de cambio, sino de problemas, de trastornos y de patologías.

      El problema de la infidelidad está en la deshonestidad. La infidelidad siempre implica algún tipo de estafa afectivo/sexual. Si se desea la poligamia, los tríos, la pareja abierta, todo esto se puede llegar a pactar con la pareja. Cualquier modalidad de pareja, por tanto, es susceptible de poder hablarse y de llegar a pactarse; siempre y cuando, sea entre iguales y sea con consenso.

      Si se actúa desinformando y desorientando, no hay pacto, ni comunicación ni relación posible

      Casi todos los pactos pueden romperse, cambiarse, revisarse, y reestructurarse, pero lo verdaderamente importante es la forma de hacerlo.

      Lo verdaderamente importante es la transparencia

      Si la persona infiel quiere una relación fiel con su amante, lo que está en juego no es la poligamia. Si la persona infiel lo que quiere es seguir siéndolo mientras su pareja no, lo que está en juego es el poder y el control y no la poligamia.

      Partimos de la premisa de que la información es poder. La persona infiel tiene el control de la situación, en cuanto que es ella la que conoce toda la verdad sobre la realidad de su situación y no la comparte abiertamente con ninguna de las otras dos personas del triangulo.

      Si la persona infiel no le molesta su infidelidad y le molesta la infidelidad de su pareja, de su amante, lo que está en juego no es la poligamia o la monogamia.

      Si la persona amante quiere que su pareja infiel le sea fiel, separándose de su pareja oficial, lo que está en juego tampoco es la poligamia o monogamia.

      Lo que resulta paradójico y sorprendente, es cuando dentro de la infidelidad se pacta la monogamia. No pocas aventuras e infidelidades se cimientan así.

      Esto evidencia que algunas infidelidades, particularmente las que parecen conllevar implicación emocional, no son sinónimos de promiscuidad ni de querer variar.

      Este tipo de aventuras representan una reproducción de la relación oficial en sus comienzos, con sus correspondientes fases. Quizás en la aventura, no se llegue al amor maduro, el del  final ni a la estabilidad en una relación porque tras una fase de acercamiento y euforia propia del principio, del enamoramiento, suele venir otra fase de sufrimiento y posteriormente, la fase de aceptación de la situación tal y como es la realidad de la vida. Todas  las parejas tienen sus más y sus menos.

      Este mito de la infidelidad como crisis y en consecuencia como posibilidad para el cambio, se entiende como una puesta en escena de un deseo de evolución. Deseo de salir de las propias carencias, de las propias insatisfacciones, pero también de las propias proyecciones negativas sobre el compañero. Se puede hablar de infidelidad como movimiento de liberación. Concebir la infidelidad como una especie de afirmación o puesta en escena de un deseo de evolucionar y cambiar, es falsificar la traumática realidad.

      La persona infiel realiza un cambio sin que la pareja oficial, al menos en apariencia, se altere. Es decir, la estructura del sistema familiar no se altera. De ahí la doble vida. O sea, la persona infiel no cambia su vida, sino que la duplica, la disocia, la divide en dos. Gracias a todos los esfuerzos y energías para mentir, ocultar, engañar, desinformar y manipular.

      Lo que ocurre es que estos cambios que hacer la persona infiel, que parecen la solución empleada para resolver el problema interno, no solo no lo resuelven sino que se convierte en parte del problema.

      Mito 6.  La infidelidad no tiene que ver con la moral ni con la ética.

      La infidelidad cuestiona la ley en todos sus sentidos y acepciones. Cuestiona el convenio, el pacto, la norma, la regla, la justicia, el poder, el estatuto, el reglamento, el orden, el principio, la fe, la lealtad, el amor y esto entre otras cuestiones.

      Lo inmoral, la falta de ética de la infidelidad reside en la ocultación de la transgresión del pacto acordado

      Esta concepción de la moral y de la ética es tan válida para la pareja como para un gobierno o para cualquier otra forma de agrupación. La existencia de una comunidad, sea del tipo que sea; de un país, de un vecindario, de un pueblo, un barrio… requiere de normas y requiere de sanciones para el incumplimiento de esas normas; siendo éstas pactadas y consensuadas, esto es lo que separa la civilización de la barbarie.

      La infidelidad se plantea como una forma de corrupción, en el estricto sentido etimológico: acción de romper conjuntamente, es decir, con un cómplice (la persona amante). Por tanto, la infidelidad tiene que ver con el abuso de poder, cuyo provecho reside, en obtener una ventaja ilícita. La infidelidad tiene que ver con la desigualdad.

      Ya veis que la infidelidad no es nada para elogiar ni bromear y menos aún para restar trascendencia.

      Una persona infiel es una persona no confiable y por ende una persona inmoral, puesto que no respeta la ley (simbólica), la palabra, el pacto.

      Para poder pasar al acto y ser infiel, la persona procederá a un autoengaño de tipo justificativo. Así, el argumento comúnmente esgrimido a favor de la infidelidad es la profunda insatisfacción marital, la necesidad de cambio, la subversión de los convencionalismos, el aburrimiento, la falta de chispa, la autonomía, la liberación e incluso el amor a sí mismo/a (autoestima).

      La deriva moral, de valores, no solo nos lleva a la imposibilidad de distinguir lo malo de lo bueno, sino que además, estamos aprendiendo a llamar a lo bueno malo y a lo malo bueno, situándonos en una especie de neurosis moral que puede llevar a trastornos conductuales, a patologías morales debido a esta incapacidad de distinguir el bien del mal.

      Mito 7.  La infidelidad es una cuestión estrictamente sexual.

      Entre los autores que han investigado científicamente el tema de la infidelidad hay un consenso, dejando bien claro que la infidelidad no es una cuestión estrictamente sexual.

      La infidelidad es una violación del convenio sea éste el que sea. Si se miente y se mantiene en secreto, a pesar de conocer bien las posibles objeciones y represalias del cónyuge, se comete violación del convenio, y por tanto, es infidelidad.

      La mayor parte de la gente erróneamente piensa que la infidelidad no es tal, hasta que llega el contacto sexual. Los hechos desmienten este mito

      Por ejemplo, la infidelidad por internet es primordialmente emocional y es infidelidad igualmente.

      El aspecto sexual de la infidelidad no parece ser el predominante. Parece ser algo más relacionado con los rasgos narcisistas (personas con marcado egocentrismo y con un sentido grandioso de sí mismos. Abusones, explotadores, faltos de empatía y con necesidad de ser admirados. Cree que su necesidades tienen prioridad y que deben ser satisfechas recibiendo un trato especial). En este sentido la elección de la pareja infiel parece estar más relacionada con lo que hace sentir, mucho más que por razones sexuales. Es la imagen y la mirada proyectada de la persona amante hacia la persona infiel, esa imagen de particular adoración, enamoramiento, es la que particularmente gusta al narcisista.

      Se trataría, al parecer de una elección más neurótica que sexual. Teniendo que ver más con las carencias afectivas.

      No es tanto que la persona infiel busque fuera lo que no le dan en casa, va más de que la persona infiel no da lo suficiente en la relación

      Las investigaciones apuntan al bajo grado de inversión en el matrimonio/ pareja de estas personas infieles de rasgos narcisistas.

      En general, las personas que se dan poco a la relación de pareja, el riesgo de ser infiel es mayor

      Hasta aquí la parte I del artículo, seguimos con el resto de los mitos en la parte II. Léelos y dinos tu experiencia al respecto.

      Bibliografía:

      -“Retratos ocultos de la infidelidad”. Jauregui Balenciaga, M.I. (2018).

      -«Trastornos de la Personalidad». Belloch, A. y Fernández-Álvarez, H. (2008).

      -«Terapia cognitiva de los trastornos de personalidad».Beck, A.T. y otros (2015).

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