Procedemos a desarrollar los últimos puntos que nos quedaban por tratar del índice, en esta parte II del artículo.

Índice

1.  Nuestro cuerpo es sexual.

2. Nuestra manera de pensar es sexual.

3. Nuestro humor, nuestras emociones, nuestros sentimientos y afectos son sexuales.

4. Adquirimos un lenguaje que es sexuado.

5. Nuestras conductas concretas, lo que hacemos en el día a día, está sexuado.

De la sexualidad sí se habla y nosotros queremos hacerlo. De la diversidad sexual también se habla porque forma parte de la complejidad sexual que caracteriza a los seres humanos. Además,  el sexo ha sido un tema tabú, reprimido demasiado tiempo, lo que ha ocasionado devastadoras consecuencias.

El problema hoy día es que la sexualidad, ya no tanto es reprimida como  si instrumentalizada, con lo que también, estamos perdiendo nuestra capacidad crítica, debido a una sociedad de consumo en la que estamos inmersos cuya finalidad, nada tiene que ver con la finalidad de la psicología que aquí tratamos.

Ya comentamos en la parte I del artículoque es nuestra responsabilidad conocer el funcionamiento de nuestra sexualidad y educar a nuestros menores en ella. No podemos retrasarla, evitarla ni ocultarla porque está ahí y forma parte de todos nosotros en el día a día. El objetivo de una buena educación y formación en sexualidad es no tener malos entendidos, no sufrir desagradables situaciones en nuestras relaciones con los demás y fundamentalmente en nuestra relación y comunicación en pareja. Y también, en vivir más felices y satisfechos con ella.  Queremos pues, hacer conscientes del mal uso que, con frecuencia, se hace de nuestra sexualidad, que no solo puede dañar a los demás, sino a ti mismo y a tu comunidad.

4. Adquirimos un lenguaje que es sexuado.

El lenguaje es una capacidad humana estrechamente relacionada con nuestras capacidades emocionales y mentales, construido a lo largo de los siglos por cada etnia o cultura. Es en sí mismo una interpretación de la realidad.

Las palabras, su significado, su género, las expresiones más arraigadas y la manera de hablar y gesticular son sexuales. Numerosos dichos y la forma de hablar que se considera apropiada son sexuadas. Todo ello implica una interpretación sexuada de la realidad. Por ello en la actualidad se debate, con razón, sobre el uso sexista del lenguaje y las denominaciones degradantes e insultantes referidas a los homosexuales, transexuales, y otros muchos colectivos como las chicas que trabajan en prostíbulos.

El lenguaje es tan sexual que lo que no se puede nombrar (anatomía o conductas más sexuales) es lo que tiene más nombres, porque los humanos necesitamos el lenguaje para comunicarnos y para interpretar la realidad y lo hacemos, cómo no, de forma sexuada.

El hecho de que la sexualidad no se pueda nombrar abiertamente ha provocado denominaciones de todo tipo, desde simpáticas hasta soeces, sexistas, violentas, etc…

lenguaje sexista

→Desde el punto de vista histórico, la visión judeo-cristiana dominante en nuestra cultura, se expresa de forma muy negativa en el lenguaje, en  “Lo que se dice” sobre la sexualidad y en las conductas sexuales.

De hecho en el dualismo cuerpo-alma propuesto por estas doctrinas, el cuerpo es la parte material y por tanto, la menos o nada valiosa, mientras que el alma es la parte noble e inmortal y por tanto, la valorada. ¿No es importante y valioso tu cuerpo para tí?, ¿Qué harías sin tu cuerpo e incluso sin partes determinadas de él?.

La sexualidad o el sexo, según esta visión tradicional, se ubica en el cuerpo, en “las partes bajas” del cuerpo, y por tanto, las actividades sexuales suelen denominarse impuras, sucias, feas, degradantes… si no están en el contexto de un matrimonio heterosexual orientado a la procreación. Hoy día evidentemente esta visión es diferente pero aún queda ahí porque forma parte de nuestra estricta educación tradicional y por supuesto, está en el imaginario social, en nuestra conciencia colectiva.

→Desde el punto de vista individual y de pareja, esta visión y este lenguaje han tenido consecuencias devastadoras, no sólo porque ha interpretado sexofóbicamente la sexualidad, sino porque ha condenado a los amantes a no poder hablar abiertamente sobre sus relaciones sexuales, impidiendo una comunicación abierta, sincera, estética y románticamente atractiva.

Hay muchas palabras, frases, dichos, refranes… llenos de contenidos sexuales negativos.

“Al menos hasta Freud, de la sexualidad se hablaba para no hablar”. Focault.

No solo nos referimos al lenguaje hablado, sino también del escrito, igualmente sexofóbico y sexista.

Mejorar el lenguaje referido a la sexualidad es necesario si queremos reconciliarnos con el hecho sexual humano. Se ha de tratar el sexismo, la sexofobia, el fundamentalismo y reconocer la sexualidad como positiva porque nos inclina a buscarnos, a disfrutarnos y a amarnos.

sensualidad erotismo

5. Nuestras conductas son sexuadas.

Lo que hacemos, nuestras conductas concretas, no solo las que consideramos y/o realizamos expresamente sexuales, sino todas las actividades de la vida cotidiana, nuestra forma de ejercer la profesión, nuestra forma de vivir, etc…son sexuales.

Por esta razón hablamos de diferencias entre hombres-mujeres, niños, jóvenes, adultos y personas en la tercera edad.

Todas las especies sexuadas tienen tendencia a seducir, a aparearse de una determinada manera, a cuidar de sus crías o establecer relaciones de un tipo u otro. En muchas especies estas conductas están muy estereotipadas, con muy pocas variantes, precisamente porque están preprogramadas y reguladas por los instintos.

Los seres humanos somos muy diferentes a otras especies sexuadas porque si podemos decidir sexualmente y no estamos determinados por los instintos. Somos una especie muy social; aunque también, con grandes diferencias sociales, culturales, históricas y generacionales; que, regulan nuestras conductas sexuales mediante leyes, costumbres y valores dominantes.

Lo más regulado es la fisiología sexual, que  nos hace mas semejantes a otras especies sexuadas, más preprogramados. Pero esto, no es lo único que nos condiciona en nuestros comportamientos sexuales.

Las conductas sexuales dependen y se condicionan en gran medida del tipo de sociedad y del momento histórico en que se viva. Siendo la conducta sexual mucho más diversa en sociedades democráticas abiertas y en momentos históricos más progresistas

Aunque finalmente, son las propias personas las que toman sus decisiones sobre sus conductas sexuales, por lo que ante la diversidad propia de las diferentes culturas, sociedades y momentos históricos hay que tener en cuenta que cada persona a partir de sus características propias, sus valores, sus creencias y su experiencia, toma sus decisiones y tiene conductas que acaban conformando su biografía sexual.

Pero nuestra libertad nunca es absoluta, siempre está condicionada por numerosos factores y a veces, puede también desafortunadamente estar condicionada por experiencias traumáticas no deseadas ni decididas sino impuestas en contra de nuestra voluntad.

Por ello hemos de seguir una ética para crear las mejores condiciones para el ejercicio de la autonomía y la libertad propia, unida necesariamente a la promoción y el respeto de la libertad del otro.

La libertad de decisión afecta a todos los aspectos y es la que nos hace humanos y nos caracteriza como tal, en el amor y en el sexo.

Bibliografía:

-“Etica de las relaciones sexuales y amorosas”. López, F. (2015)

-Imágenes: Ayuntamiento Zaragoza, Quino, 123rf.com, freepik.es, pinterest.es, BBC.

Maribel Paz

Maribel Paz

 

Psicóloga de Adultos y Parejas en Madrid.
Especialista en Terapia Infantil y Adolescente

 

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