Una torpe comunicación conduce a crecientes malentendidos. Los diálogos comienzan a atascarse en encubiertas acusaciones y recriminaciones. Incluso, los placeres antes compartidos de conversación, se corrompen y pierden su poder de vinculación. Los pequeños problemas que podrían solucionarse con relativa facilidad, se convierten en fuente de conflictos a causa de los rodeos, las actitudes defensivas al enviar los mensajes y la sordera al recibirlos. Cuando se discute, hay que hacerlo de forma controlada, clara y sincera. Revisa tu estilo de comunicación y si no es el adecuado puedes cambiarlo. Los estilos de comunicación se aprenden.