Usted quiere que sus hijos sean capaces de cuidar de sí mismos, que sean lo suficientemente confiados como para afrontar las situaciones desafiantes de la vida, que sean socialmente competentes; pero, que no pierdan su sentido de identidad. Usted quiere que sean suficientemente generosos para dar y confiar lo justo, en las relaciones íntimas.
De algún modo, desde que tomó en brazos a su bebé hasta el momento en que su hijo/a deja su casa, los hijos/as van desarrollando la autonomía, la confianza y otra serie de competencias que veremos en el artículo y que son las que fomentan la alta autoestima tan necesaria para vivir equilibrados y felices.
A mayor incertidumbre más fácilmente se potencian los celos. La educación afectiva es clave. En las relaciones afectivas, tanto las expectativas depositadas en la otra persona como las decepciones pueden ser grandes. No esperar todo de la vida y de la pareja es un ejercicio de salud mental. La vida, lamentablemente, no es un transcurrir de hechos perfectos e ideales. Los celos son una preocupación universal presente en siglos en todas las sociedades y culturas, con el consiguiente acompañamiento de mitos, leyendas, dramas y tragedias de todo tipo. Veamos algunas recomendaciones para no sufrir por ellos. El dolor es inevitable pero el sufrimiento es una elección.
Nadie quiere límites en su vida, ni los adultos ni los niños. Todos queremos hacer lo que nos da la gana e imponer nuestros deseos. El problema es que no podemos satisfacer a los demás cada vez que quieren algo de nosotros, ni siquiera a los hijos. Los límites pueden crear en el otro una gran frustración e ira. Por eso, quizás, es por lo que tienen tan mala prensa. Por eso, cuesta tanto trabajo establecer límites y hacerlos valer. Los límites y las normas son muy necesarios para la convivencia, para la armonía, para el respeto a los demás y a sus decisiones; para la aceptación de las normas sociales, en general. A veces, confundimos la permisividad, con la autoridad y con un estilo democrático. Tampoco, tenemos claro, la diferencia que hay entre hacer peticiones y demandar o exigir. Vamos a intentar aclararlo porque no cumplir ciertos límites puede implicar la ruptura y el divorcio. Hay que fijar límites, hacerlos valer y ayudar a las personas a tolerar la frustración que supone su correcto cumplimiento.