A lo largo de la historia humana, nuestros más grades líderes y pensadores han usado el poder de las palabras para transformar nuestras emociones, para alistarnos en sus causas y para dar forma al curso del destino. Las palabras no solo crean emociones, también crean acciones. Y de nuestras acciones fluyen los resultados de nuestra vida. Quiero hacerte consciente de que saber hablar de forma cordial y adecuada salva relaciones e incluso vidas.
La enorme penetración de las nuevas tecnologías en la sociedad, la posibilidad de estar conectados 24/7 y el auge de las redes sociales, proporcionan más oportunidades de infidelidad y más quebraderos de cabeza al celoso que nunca. A pesar, que permite al celoso/a tener más control, esta posibilidad se convierte en un arma de doble filo como veremos en el artículo. En los casos de divorcio, las redes sociales aparecen también en escena en los juicios. Hay que tener cautela con las Redes y has de tener en cuenta que prima el parecer mas que el ser.
Nadie quiere límites en su vida, ni los adultos ni los niños. Todos queremos hacer lo que nos da la gana e imponer nuestros deseos. El problema es que no podemos satisfacer a los demás cada vez que quieren algo de nosotros, ni siquiera a los hijos. Los límites pueden crear en el otro una gran frustración e ira. Por eso, quizás, es por lo que tienen tan mala prensa. Por eso, cuesta tanto trabajo establecer límites y hacerlos valer. Los límites y las normas son muy necesarios para la convivencia, para la armonía, para el respeto a los demás y a sus decisiones; para la aceptación de las normas sociales, en general. A veces, confundimos la permisividad, con la autoridad y con un estilo democrático. Tampoco, tenemos claro, la diferencia que hay entre hacer peticiones y demandar o exigir. Vamos a intentar aclararlo porque no cumplir ciertos límites puede implicar la ruptura y el divorcio. Hay que fijar límites, hacerlos valer y ayudar a las personas a tolerar la frustración que supone su correcto cumplimiento.
En España se producen casi 7 rupturas por cada 10 matrimonios. La forma de dar la noticia a los hijos es muy importante para no traumatizarlos más aún.