Una torpe comunicación conduce a crecientes malentendidos. Los diálogos comienzan a atascarse en encubiertas acusaciones y recriminaciones. Incluso, los placeres antes compartidos de conversación, se corrompen y pierden su poder de vinculación. Los pequeños problemas que podrían solucionarse con relativa facilidad, se convierten en fuente de conflictos a causa de los rodeos, las actitudes defensivas al enviar los mensajes y la sordera al recibirlos. Cuando se discute, hay que hacerlo de forma controlada, clara y sincera. Revisa tu estilo de comunicación y si no es el adecuado puedes cambiarlo. Los estilos de comunicación se aprenden.
Ya sabes que tu pareja siempre está alerta para ver si la apoyas a ella o a tu madre, ¿verdad?. Entonces te vienen diferentes preguntas a la cabeza, tipo:
¿qué debo hacer?, ¿a quién debo apoyar?, ¿a quién debo lealtad?, ¿con quién debo ser solidario?... La situación es compleja y tú te encuentras en medio. ¿Te tienes que posicionar o permanecer neutral?. No quieres hacer daño a nadie. Pero mira a ver que quizás, si no haces nada, puede ser que el máximo perjudicado seas tú.
Una relación estable y armoniosa tiene efectos positivos en el bienestar personal. Una relación deteriorada y desajustada interfiere en la dinámica familiar y en la propia salud, dada la interdependencia que hay entre los problemas individuales y los problemas de pareja. Uno de lo problemas estrella en las parejas infelices es la familia política ¿Qué hemos de hacer para proteger nuestra salud y nuestra relación de pareja de las interferencias familiares?